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Descripción

Sin ninguna duda, la dorada representa la reina de nuestras especies. Es la pieza más preciada para la mayoría de pescadores. La dorada presenta el cuerpo ovalado, alto y comprimido. Tiene la cabeza grande con el rostro y frente convexo. La boca tiene labios gruesos, con la mandíbula superior un poco más larga que la inferior. Los dientes anteriores de ambas mandíbulas son cónicos y fuertes, en número de 6 a 8. Los siguientes son pequeños y los últimos se agrupan en 2-3 hileras de muelas.

La aleta dorsal presenta una parte anterior espinosa con 11 radios duros y una posterior con 12-13 radios blandos. Las aletas pectorales son largas, alcanzando su extremo el origen de la aleta anal, que tiene 3 radios duros y 11-12 blandos. Presenta una coloración gris-plateada, más oscura en el dorso, y una banda dorada entre los ojos que se hace más patente con la edad; posee también una mancha negra en el origen de la línea lateral y una banda escarlata en el borde de la mitad inferior del
opérculo.

Reproducción

Es una especie con hermafroditismo proterándrico, es decir, cada individuo se desarrolla sexualmente como macho desde los 2 años hasta los 3-4 años, pasando a desarrollarse como hembra a partir de entonces. La época de puesta abarca generalmente de octubre a diciembre.

Habitat

La dorada es una especie marina que vive en fondos rocosos o arenosos, en praderas de algas marinas y en zonas de rompientes. Los individuos jóvenes viven hasta 30 metros de profundidad, pero los individuos adultos pueden alcanzar hasta los 150 metros de profundidad. Se pueden encontrar, a su vez, en zonas salobres de lagunas litorales y marismas. Son individuos sedentarios que suelen vivir en solitario o formando pequeños grupos pero que, al llegar la época de reproducción, pueden llegar a formar grupos de varios miles de individuos.

Cebos

Mi primer y mejor maestro en el arte de la pesca, mi padre, me contó en varias ocasiones la siguiente anécdota.

Hace ya muchos años, en un concurso de la temporada regular que debía celebrarse en Villajoyosa, optó por su zona preferida, el Carrichal. Un auténtico pedregal donde una noche de pesca, el esfuerzo a que sometes tus piernas te pasa factura durante varios días. En aquellos tiempos valía la pena tal “castigo” ya que resultaba fácil amortiguar las agujetas con un buen rancho de peces. En esta zona, en la que la roca se mezcla con alguero y grandes claros arenosos, era común capturar Doradas, algunas de tamaño considerable.

Así pues, iba preparado para la pesca del espárido cebos de su confianza, titas y zotrucos. Desde la llegada a la zona de pesca intentó una y otra vez tentar alguna reina. Buscando en los lances las zonas claras, revisando el cebo cuando era preciso. Alternando entre titas y zotrucos, utilizando las dos cañas reglamentarias para tal menester. Pero no era el día. A pesar de que las condiciones atmosféricas y el estado del mar eran los adecuados para esta pesca, no era el día de ellas. Ya entrada la noche, no solo las doradas no habían dado signos de presencia, también el resto de especies que se suelen capturar en estos pesquiles. No había ni siquiera rastro de sargos. Ni una picada. Pintaban bastos esa noche y mi padre, hombre de muchos recursos, tomó la decisión de dedicar una caña a la pesca de morenas y congrios. Así que cambió el “bajo” por uno de acero y comenzó a carnar sardinas. Habían trascurrido apenas unos minutos tras la primera lanzada en busca de “culebras” cuando la caña se curvó violentamente. La tremenda picada era típica, no dejaba lugar a dudas, uno de estos animales se había clavado el anzuelo. Algo que aprendí de mi padre es que nunca se deja de aprender. Tras las primeras vueltas de recuperación de carrete se dio cuenta de una agradable sorpresa, estaba luchando con algo que no era morena o congrio. Se trataba de un pez de considerable tamaño y pronto, gracias a su gran experiencia, intuyó que se trataba de una Dorada. Tras una lucha de varios minutos consiguió hacerse con el ejemplar y sacar del agua una hermosa Dorada de cerca de los dos kilos de peso. Increíble! Pensó, con sardina y pie de acero.

Anécdotas de este tipo he oído muchas a lo largo de mis treinta años al borde del mar. Sin embargo, se trata de eso, anécdota, excepciones casuales. La Dorada es un pez difícil de tentar. Se trata de un animal muy inteligente y desde luego muy clasista a la hora de elegir su comida.

Los cebos adecuados para la pesca de la Dorada son variados pero desde luego la sardina no suele proporcionar buenos resultados. Personalmente creo que el mejor que podemos utilizar, sobre totdo en la pesca de lance, es la Tita. Este es un tipo de gusano que entra en la dieta de la Dorada, les encantan. Hay de varios tamaños. En playas de arena me inclino por la tita pequeña, de entre 4 y 8 centímetros de modo que si no hay suerte con las Doradas puede entrar un buen ejemplar de Mabre. En lugares rocosos utilizo muy a menudo la tita grande, cortándola a trozos y, a veces, estirándola con las manos.

El cangrejo es otro de los cebos preferidos por la Dorada. El cangrejo blanco es adecuado para la pesca en playas de arena. El cangrejo negro de roca da muy buenos resultados en lugares rocosos y escolleras de puertos.

Otro cebo que ha sido utilizado desde siempre y con buenos resultados es el mejillón sobre en pesca con valenciana en escolleras portuarias. Otros cebos que nos pueden deparar una buena sorpresa son la lombriz de beta o rosca, la lombriz de arena para ejemplares de menor tamaño, la gamba en cualquiera de sus variedades, la navaja y el cangrejo ermitaño.